con un cigarro y un cenicero,
recostado sobre mi cama
te quiero durante el día
y desde la mañana.
eso es que anoche te tuve
pero no fue suficiente
y ahora la soledad me consume.
Sólo basta escribir una palabra para que comience a desbordarse el rio de versos...
Después de haber pasado un domingo estupendo con la familia de Alba Del Pino, celebrando su 23 cumpleaños, y una noche de inexplicable sexo liberador, me dirijo al trabajo con una especial sonrisa. Sarito, la mujer a la que asisto todas las mañanas menos los domingos, se despierta tranquila y con una sonrisa, como de costumbre. Andra, su acompañante desde ya casi tres años, aún se quita las legañas con la mano mientras abro la ventana para que entre la luz a la habitación. Después de desvestir, duchar y volver a vestir a Sarito, ésta comparte una gran sonrisa mientras le masajeo las piernas y escuchamos la televisión. Hoy se levantó menos rígida que otras mañanas, y eso facilita la rehabilitación, y ella misma puede hacerla sin problemas con la pierna que tiene menos movilidad. El desayuno se me hace corto, y tengo que despedirme de ambas, asegurándome que vuelvo, el 23 de septiembre, a trabajar a la misma hora de siempre.
Salgo a la calle tranquila, expectante, observando los coches, a ver si alguno de esos es el que me recogerá. Cruzo la calle para recargar el móvil en un bazar donde me dicen que no disponen del servicio y continuo caminando para volver al lugar donde me tienen que recoger. Cuando antes de cruzar pasa Chessare con su coche despistado. Son las 9:30 de la mañana y aún me pregunto como es capaz de recogerme para desayunar juntos. No han pasado más de cuatro días. Y sinceramente los más intensos que recuerdo en mucho tiempo. En un movimiento rápido le chisto para llamar su atención y rectifica en la calle para dar la vuelta. Me subo al coche, y me percato su aroma limpio y agradable que habitualmente tiene. Lo saludo con un beso tierno en sus labios que siento que es correspondido de la misma manera. Él, atento y considerado, me pregunta sobre mi corta jornada de trabajo y escucha mi insignificante momento como si fuera algo grande, haciéndome sentir importante. Me doy cuenta de que echaba de menos algo así, le miro sonriente, me siento como quiero y quería sentirme desde hace tiempo y espero que algo así dure lo suficiente como para disfrutarlo.
Decidimos seguir con el plan de desayunar churros con chocolate y aparca el coche cerca de mi nuevo piso, en el que vivimos Gabriel, Jorge y yo, y que al que en unos días se mudará también Víctor. Nos metemos en el local y tras una conversación amena acompañada de un buen y rico desayuno, Chessare decide comprar una bolsita de churros para los compañeros de piso, y eso hace que me sorprenda cada vez más, pues me invita a desayunar y no me deja ayudar a pagar el convite. Haciendo que me den cada vez más ganas de abrazarlo.
Subimos al piso con la intención de descansar un poco... pero estando a su lado se me hace tan difícil concentrarme en cualquier otra cosa que no sea el. Su sonrisa hace que de mi salga la más sincera sonrisa, acariciar su piel hace que recuerde personas que a veces olvido, personas cercanas, sus caricias me enternecen y el conjunto de todo eso me hace sentir familiar, no necesito cohibirme. Es más, necesito ser más yo que nunca, haciéndome sentir tan bien...
A la hora de almorzar huye cariñosamente de mi lado, agradeciéndole ese gesto para poder terminar de hacer la maleta y esperar la llegada de mi padre, quien me llevará al aeropuerto. Meto la maleta en el coche y en silencio conduce mientras le hablo. Siento como mi padre está incómodo, pero yo sigo hablando para que sepa lo que voy a hacer o he hecho. Eso me hace sentir como una guerrera sin armas o armadura. Y sigo sintiéndome igual de bien. Hay algo en mi que me dice que todo se arreglará, y que sólo es cuestión de tiempo.
Llego a tiempo para coger el avión con salida programada a las 20:00 horas del 6 de septiembre, en el cual intento dormirme con dificultades. Y sólo siento la sensación de estar viva, más viva que nunca, más feliz que de costumbre. También siento que me cuesta asimilar que estoy en un avión viajando rumbo a lo que serán mis vacaciones, gracias a Leticia, porque si no es por ella las cosas no me hubieran salido de esta manera. Pienso en ella durante unos minutos, en lo mucho que la hecho de menos, en lo sola que se puede sentir a veces, en las veces que puede pensar en mi al día, en una hora, durante un minuto...
Aterriza el avión en Madrid, y me siento cansada, las piernas pesadas, pero estoy en Madrid. Mientras pasan las maletas, hago las llamadas pertinentes a mi padre y a mi hermana. Y acurrucada en cuclillas espera a que el equipaje haga su aparición estelar en la cinta, sintiendo el cansancio y las miradas de los demás ex pasajeros.
Primera parada; el metro de Madrid, 2 € de ticket para viajar hasta Móstoles, donde espera aún despierto Rodrigo, mi amigo fiel, mi compañero de risas, mi alma gemela, hermano de otra madre, pero que tan cercano le siento siempre. Los perros ladran, la sangre se activa con el estruendo, y los abrazos y los besos afloran entre dos amigos que hicieron un juramento. Mi familia... Su familia... Somos familia.
Segunda parada; una cama caliente, un cuerpo de mujer cercano al lado, y ese calor a los pies que no deja de proteger a mi hermana, incansable, Chía.
Mi primer día en Madrid se despierta tarde y descansado. Me dirijo al ordenador para poner música, aprovechando para conectarme con el mundo y comunicarle que ya estoy en Madrid. Quedo con Ruth y Juanillo en Atocha a medio día, y mientras me arreglo hablo con Chessare y le comento como ha ido mi viaje. Tengo ganas de sentirlo cerca, pero he de disfrutar de mis vacaciones y separarme de los deseos carnales que el enciende dentro de mi. Pero su ternura hace que no me olvide de el.
Ya en atocha, camino hacia la casa de Juanillo, donde me encuentro con esa rubia que me endulza con el mar de sus ojos. La hermana que nació en otro vientre, la persona que guía mi camino cuando llamo a su puerta perdida. Esa con la que nunca pasa el tiempo, y las sonrisas y las lágrimas brotan como si nunca hubiera existido la alegría ni la tristeza, como si se hubiera reído o llorado por primera vez. Ruth me divisa con los brazos abiertos, y me recoge en sus brazos dejando que la acaricie con mi cuerpo. Me acompaña hasta la acera de enfrente donde nos encontramos con Juanillo, hombre tranquilo y divertido, niño adulto y entrañable. Tomamos juntos una cerveza, mientras me preguntan sobre el trabajo los estudios y el amor, ritual que practican cada vez que me ven, y tras un gran interrogatorio sobre Chessare sobre lo maravilloso que me hace sentir, paso a preguntar lo que los tres evitábamos, cómo se encuentra la mamá de Juanillo. Noto como Juan se entristece, pero dejo que desembuche lo que lleva dentro, a su manera, y le noto tranquilo aunque preocupado por el estado de su madre. Y me alegra ver que lo lleva con madurez y que se queda donde tiene que estar, y me doy cuenta de la suerte que tiene esa madre de sentir que su hijo la cuida, la apoya, le da su amor. Y no deja de asomarse a mi pensamiento mi madre, dando gracias por que ya no pase más sufrimiento como el que pasó. Dulce amada.
Termina nuestro encuentro, y Ruth y yo nos dirigimos a su casa provisional mientras reforman su casa, esa casa que esconde tantos recuerdos para mi... noche en vela haciendo los ejercicios de una joven despistada servidora. Esos cumpleaños con regalos infantiles, regalos adolescentes, regalos adultos... Nostalgia. Y tras una charla en la que me confieso serena, tranquila y madura, noto como el rostro de Ruth me agradece y me confirma la certeza de esas palabras... Me hace sentir tan bien su compañía, saber que forma parte de mi familia es reconfortante y saber que ella me considera igual, es algo grande, algo que desearía que otras personas sintieran ese sentimiento. Me alegra escuchar su voz mientras miro como se mueven sus labios, como me cuenta lo bien que le van los estudios, sus quejas, sus deseos... Tanto que se nos pasa el tiempo como si tuviera alas. Así que dejamos la conversación para irme a Villaviciosa de Odón. Allí espero a Marta, la máquina de palabras, la máquina de quejas que tanto me gusta escuchar. Acompañada de su Griego-inglés Alex, caminan hacia mi, haciendo una pareja distinta, pero agradable. La noto más madura, y me hace ver como pasa el tiempo, más de tres años sin vernos y les acompaños a hacer una pequeña compra como si nos hubiéramos visto ayer pero con muchas cosas que contarnos. Llegando al punto de tener que sacar el tema que me hace tanto daño, Eva. Pero pienso que cada vez que lo cuento me libero de un peso que llevo dentro, hasta que ya no tenga dentro esa decepción cuando piense en ello. Se hace tarde, la tarde vuela, y me acompañan a la parada de la guagua que me lleva hasta Móstoles, y en la oscuridad del vehiculo lloro por dentro de felicidad, sintiendo que por primera vez aprovecho un viaje. Reencontrarme con mi gente me hace desvanecerme por dentro, y se me infla el pecho con mi propia alegría.
Rodrigo me recibe en casa con bromas sobre mi tardanza, y me hace sonreír de una manera especial. Algo renace y crece dentro de mi cada vez que le tengo cerca, aunque apenas me cuente algo suyo, sólo con su compañía me llena de una manera especial. Chessare me viene a la mente mientras vemos la televisión, y me decido a mandarle un mensaje con miedo a molestarle. Aún no lo conozco y tengo miedo de que mi actitud pueda estropear este “algo” chachi que existe entre nosotros. Pero no contesta y decido irme a dormir para seguir mi ruta al día siguiente.
La mañana del miércoles se ve preciosa, y sola en la casa me dispongo a pasear semidesnuda sin miedo de encontrarme con nadie. Me conecto desde mi portátil y entro en conexión con el mundo que me pregunta como va el viaje.
Durante mi estancia en Móstoles me sorprendo con la conexión que demostramos tener mi hermana y yo, me reconforta pensar que las dos niñas que casi se matan a mordiscos han desaparecido, y que dos nuevas mujeres se convierten en amigas por primera vez en muchos años, ya no tengo miedo, todo está en su sitio, a pesar de nuestros choques, todo comienza a ir bien, y solo pensarlo me hace estremece de una manera tan agradable que mi mente se queda varada recordando todos aquellos momentos que nos separaron en el pasado.Te vas a la ducha y de repente te asalta una duda; ¿será que lo he encontrado?
Eso que andaba buscando desde ya hace unos años y que no encontraste porque a tu alrededor todo se mueve de forma distinta a tus principios morales y , en algunas ocasiones, te has dejado llevar por esa corriente de borregos...
¿Será que estaba equivocada y realmente es posible encontrar el bienestar?... y como en otras ocasiones he dicho y pensado, sigo sin conformarme.
Me anima pensar que no voy por mal camino y que lo que hago lo hago como es debido, que hay cosas que aún no hago bien, y que así es más claro el cambio cuando mejoras por dentro. Me anima pensar que puedo saltar de la cama cuando me atrapa... que puedo sudar cuando dejo de estar estática, que puedo pensar cuando he estado liada...
Cada día sé que quiero ser mejor persona. Cada día voy más allá de intentarlo. Y no me conformo con conseguirlo.
La noche me contagia in-somnolencia,
¿o soy yo quien se la contagió a ella?
Escucho como las notas de un piano suenan,
y siento como los nudos de mi pecho se sueltan.
¿Soy yo o es la noche la que está molesta?,
¿soy yo o ya me resbalan las ofensas?
Quiero encontrar la medicina para esta dolencia,
quiero enterrar muy profundo las consecuencias.
Camino con el viejo de pensamiento a mi derecha,
a mi izquierda el joven de corazón que más lo merezca.
Me fío del que todos los días lo demuestra,
el que tira del carro aunque esté subiendo esa cuesta.
Escribo sin cansancio, con el cuerpo lleno de agujetas,
y es, en la noche, cuando pensando demasiado me doy cuenta;
que sin quererlo mi cuerpo se queja,
entonces se enrojecen las orejas
y la mente se despeja...
¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿En qué momento dejé de fijarme en la realidad para centrarme en mis fantasías consiguiendo que llegaran a ser reales? ¿Cómo he logrado no hundirme en un barco que se hundía; cómo he logrado reparar el daño en alta mar; cómo he logrado no emocionarme durante más de cinco minutos, sin dejar rastro de angustia en mis pupilas, sin arrugar el ceño mientras miraba al sol y le preguntaba cómo arreglar el problema...? ¿Cómo?
Y es que aún sigo sintiendo que no hay mañana y que, si no como hoy, mañana pasaré hambre; si no amo hoy, mañana me arropará el silencio; si no escucho hoy, mañana me hablará la cama; si no follo hoy mañana me acariciarán las sábanas...
Me resguardo de la vida bajo la esperanza,
pero no es más que la ilusión que mi cuerpo nunca alcanza,
no es más que la ilusión que produce la añoranza,
el papel de quienes no saben quitarse la coraza...
En insomnio, diseño proyectos de ideas que nunca se harán realidad,
recuerdo aquellas amistades que me proporcionaron calidad,
las que no cedieron ante mis enojos,
las que cuando caí recogieron mis despojos.
Entonces me ahogo, y me doy cuenta de las vueltas de mi recorrido,
las noches que pasé en vela sin haber dormido,
tomo consciencia de que aún no ha terminado,
y que si no duermo hoy, quizá, mañana todo habrá acabado...
Te echo de menos, ¿dónde estás? Aún no te siento a mi espalda, sin embargo me siento tranquila... ¿eres tú o la sensación de estar viva? ¿Qué debo hacer? Aún no lo sé. Aún no...
Tecleo este aparato enferma del alma sin hallar respuesta, no logro centrar todas mis fuerzas. ¿Qué es esto? Porque ya no me pregunto cuanto tiempo llevo aquí, porque ya no me entero cómo pasa el tiempo, cuan rápido... y encima el viento me habla en diferentes idiomas para reírse más de mi...
¿Eres tú, o la sensación de estar viva?
La vejiga llena en un intento de moverse, los ojos pegados para no verse, un hueco en el estomago al que llaman hambre y unos ojos deshojados para no quererse.
La vida vacía para preocuparse, el corazón abierto para desahogarse, un ramo de ortigas en la mano para maltratarse y los sentimientos rotos aunque todo cambie.
Las estrellas estampadas para no moverse, los ojos pegados para no verlas, un corazón sombrío mientras lo apalean y la vida que se va mientras la muerte se queda.
Me cuesta confiar en lo que sé que es cierto, porque azul entre perros verdes me siento, y no es que me sienta normal entre raros, porque muchas veces me cuestiono si no seré yo la que esté siempre equivocada, pero es que “siempre” se me hace es una palabra tan larga, que no se ya que hacer para acortarla, tendré cuidado al hablar para no armarla, probaré primero a separar palabras...
No pienses que quiero algo serio
quiero abrir mis piernas y tenerte a ti en el medio.
Deja que disfrute el momento
cierra bien los ojos, tu escucha, yo fomento.
Relájate, yo te saco de este tedio
estoy ya muy harta del cliché de este misterio.
Cállate, no hables esto es sentimiento
cierra bien los ojos o yo los tapo en un momento.
Es mi turno, así lo quiero,
tenerte en vilo y con los puños bien prietos.
¿Alguien habló de preliminares?
Aquí lo tienes, una bandeja de tus deseo, para mi manjares.