viernes, 30 de octubre de 2009

Lujuria

Anoche estuvo aquí...
vino acompañado por ella,
y no hizo otra cosa que pillarme por sorpresa,
la trajo porque me buscaba y vino a por mi.

Siempre quise que la lujuria me persiguiera,
pero no sé porque siempre voy mirando al suelo
no quiero que me reconozca cuando me posee el desconsuelo,
anoche me reconoció solo porque yo no sabía quien era...

Y en el lecho de mi cama el me hizo suya,
utilizó todas sus armas para que no pudiera moverme,
mientras, la luz de la pantalla hacía que no se fuera mi mente,
a la vez que él me susurraba dulce que yo no era suya...

De mi ojo salió entonces una lágrima cristalina...
no por lo que dijo, sino por sentir que me soplaba entre las piernas,
por besar mi cuerpo, por hacer conmigo lo que él quiera,
por dejarme llevar y hacer con la lujuria, de mi impero, la caída...

Mis lágrimas siguieron saliendo
como un ejército de terribles guerreros
que en la lucha de una guerra perdida, se van desvaneciendo,
arrasando todos mis ataques con el calor de su cuerpo...

Mi cama se convirtió en un charco...
no de sangre si no de sudor color opaco,
del sudor de su frente, que rozaba con mi vientre blanco,
mientras lamía mi esencia cuando yo soltaba gemidos ahogados...


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